HOLA MUCHACHOS:
FAVOR DE REALIZAR ESTAS ACTIVIDADES Y ADJUNTARLAS CON LAS DEMAS PARA ENTREGAR ESTE JUEVES A LA 1 PM EN AULA 6G O DEJARLO ANTES EN OFICINA DE SERVICIOS DOCENTES CON MAESTRA ALMA JANETH.
ENTREGUEN TODO EN UNA CARPETA AMARILLA Y BRPCHE BACO O ENGRAPADA.
RECIERDEM PÓNER SU NOMBRE Y GRUPO.
ACTIVIDADES DERECHOS HUMANOS (LOS CLANDESTINOS)
PUEDEN COPÍAR EN LIBRETA O SACAR COPIA A ACTIVIDADES REALIZADAS Y PONER TODO EN CARPETA.
AGRADEZCO.
SU CALIFICACION ESTARA EXPUESTA EL PROXIMO ÑUNES EN LA MAMPARA DE LA ENTRADA.
LES SUGIERO VERIFOCAR EL PROXIMO ,ES SI SU HISTORIAL APARECE APROBATORIO.
lunes, 25 de enero de 2016
RECURSAMIENTO/ LOS CLANDESTINOS LECTURA 3
Ámbito de acción humana
: Derechos Humanos
Los clandestinos
Miriam Dí
az Somera
Eduardo caminaba de regreso a casa cuando vio pasar a varias personas que iban
corriendo, parecían huir. Uno de ellos chocó con él y, sin querer, le tiró
la mochila.
—Perdón, hermano —le dijo el joven titubeando y agitado de tanto correr—, nos
andamos escondiendo de la migra. ¿No tienes agua o algo de comer que me regales? Te
lo agradecerí
a.
Eduardo no sabía si reclamarle por el empujón o solo dejarlo pasar. La mirada y la
pregunta del muchacho lo desconcertaron. Era evidente que ese joven, que parecía de su
misma edad, necesitaba ayuda y se encontraba en una situación crí
tica.
—
No, no traigo nada. Pero si quieres, te invito un chesco.
—Gracias, hermano, pero no tengo tiempo porque allá
adelante van mis compas y
es peligroso que me quede solo.
—Pero la tienda está aquí
, luego luego. Ahorita los alcanzas.
El muchacho desconfió un poco de Eduardo, pero aceptó la oferta porque tenía
mucha sed y necesitaba reponer energías para continuar su camino. En la tienda, le
contó que los migrantes ya no se suben al tren que llega a la frontera de Mé
xico con
Estados Unidos porque hay vigilantes que les impiden viajar encima.
—Como ahora no nos dejan treparnos a «La bestia», caminamos a un lado de las
vías donde la gente nos pueda ver. Hay quienes nos dan asilo y comida, pero otros nos
miran con desconfianza o hacen como que no nos ven. Y cuando hemos atravesado los
poblados, a varios de mis compas los han amenazado y golpeado o les han robado sus
cosas. A veces nos tratan como si no fuéramos personas. Además, las combis nos
cobran má
s caro el pasaje.
—¿Por qué les cobran má
s?
—Es que ya saben que somos indocumentados y, si no les pagamos, nos pueden
denunciar y nos mandarían de regreso a nuestro paí
s.
—¿Y tú
ya no quieres regresar?
—Allá dejé a mi familia, pero nos hace falta dinero y como no tengo estudio, por
eso me voy a trabajar a Estados Unidos. Lo malo es que está muy duro el camino y sobre
todo pasar la frontera...
uno arriesga la vida.
—Pero...
—
Pero nada, hermano. Ya me voy. Que dios te bendiga.
A los pocos segundos de que el muchacho se fue, pasó frente a Eduardo una
camioneta con las siglas INM. El conductor, que vestí
a un uniforme negro y gafas
oscuras, se detuvo para preguntarle:
—Oye, ¿no viste adónde se fueron unos migrantes que andaban por aquí
?
—No, ni cuenta me di, aunque se me hace que vi a alguien irse para aquel rumbo
—dijo señalando el sentido contrario al que habí
an tomado las personas.
—Bueno, gracias —murmuró el agente de migración mientras poní
a en marcha la
camioneta.
Esa tarde, Eduardo le preguntó a su primo Mario, que está estudiando para ser
abogado, la razón por la cual se persigue a los migrantes. Mario le explicó
:
—Es un derecho humano permanecer libre dentro de tu propio país, así como salir
de él y poder regresar de manera voluntaria. Sin embargo, cada nación establece una
legislació
n propia para entrar a su territorio. Y esas leyes se tienen que respetar. Por eso
a los extranjeros los deportan cuando cruzan la frontera de manera ilegal.
—Pero, ¿por qué es un derecho humano salir libremente de un país y no entrar
libremente a otro? —preguntó
Eduardo.
—Porque cada nación tiene un territorio y es posible que crean que su seguridad
se pone en riesgo por los extranjeros. O porque los migrantes les quiten el trabajo a
personas de ese país. O, incluso, que gocen de beneficios sin pagar impuestos. Por eso,
muchos países restringen sus fronteras —replicó
Mario.
—Mmm... pero, ¿quién estableció esas fronteras? ¿Cómo saben que los
inmigrantes son realmente una amenaza? ¿Por eso está permitido maltratarlos? —
cuestionó
Eduardo intrigado.
—Yo qué sé, Edi. Andas muy preguntó
n.
El encuentro con el migrante y la plática que tuvo con su primo, mantuvieron a
Eduardo pensando toda la tarde en las razones que podrían tener los mexicanos para
tratar mal a los inmigrantes. «Si a los extranjeros que vienen de Europa o de otros países
como turistas los tratamos bien, ¿por qué no es igual con los migrantes
centroamericanos?» se preguntaba. «¿Por qué el derecho humano al libre tránsito está
limitado por la legislación de cada país?»
.
Al día siguiente, Eduardo decidió contarle a dos de sus amigas del bachillerato lo
que le habí
a ocurrido:
—Oigan, ¿
les cuento un secreto?
—A ver, ¿qué traes? Suelta la sopa —
dijo Claudia.
—Sí, Lalo, ¿qué pasa contigo? Andas medio sospechoso —
dijo Ana.
—Pues resulta que ayer vi a unos migrantes que iban huyendo de la policía. Uno
de ellos chocó conmigo y me pidió comida. Pero como no llevaba nada que darle, le
invité un refresco —continuó
Eduardo.
—¿Y luego? —preguntó
Ana.
—Se fue para alcanzar a los demás —respondió Eduardo—. Pero luego llegó una
camioneta, que creo que era de la migra, y un tipo que parecía poli me preguntó si yo
sabía a dónde se habían ido. Entonces le dije...
—Bien hecho, Lalo, qué bueno que le dijiste —
dijo Claudia.
—¿Qué? ¿Por qué te da gusto, Claudia? —preguntó
Ana.
—Pues es que son ilegales y no sabemos qué costumbres y mañas traigan.
Además, solo pasan por aquí para llegar a Estados Unidos o Canadá. Todavía vinieran a
visitar nuestro país... pero no, ven a Mé
xico como lugar de paso.
—Pues no los delaté. Señalé un camino distinto al que habían tomado —prosiguió
Eduardo.
—No inventes, Lalo. ¿En serio? ¿No te dio miedo que te cacharan o te dijeran algo
por andar mintiendo a la policía? ¿Qué tal si te acusan de ocultar información a las
autoridades? —lo interrogó
Ana.
—
No creo que me hagan nada, ni que fuera para tanto. Fue una mentira piadosa.
—¡Ah! Y yo que estaba contenta porque pensé que los habías delatado —
dijo
Claudia.
—No, no hice eso, la verdad... sentí muy gacho al ver que esas personas andan
sin comer y quién sabe dónde duerman. Además, iban familias, vi a señores y señoras
con niños pequeños. ¿Se imaginan qué haríamos nosotros si nos encontráramos en esa
situació
n y nadie nos quisiera ayudar?
—Sería muy triste que nomás nos ignoraran o nos tuvieran miedo por venir de
fuera —
dijo Ana.
—Eso mero le preguntaba ayer a mi primo Mario, el que está estudiando Derecho,
¿por qué en algunos países piensan que los migrantes son peligrosos? ¿Y sabes qué
me
dijo?
—¿Qué? —preguntó
Ana.
—Que es por seguridad de los países, que a lo mejor llegan a quitar el trabajo y
quién sabe qué más. También me contó que no existe un derecho a transitar libremente
por cualquier país. Cada nación tiene sus leyes para que no entren a su territorio así
como así. Y yo que pensaba que el libre trá
nsito era un derecho universal.
—¿Se imaginan qué pasaría si todos pudiéramos transitar libremente por cualquier
parte del planeta? Así, si no tuviéramos trabajo o comida, iríamos a buscarlo a otro lugar
—
dijo Ana.
—Pues sí, parece que estaría muy chido, pero sería absurdo —afirmó Claudia—.
Imagínate que todos se van a buscar trabajo a donde se supone que hay, al final habría
más personas buscando trabajo que ofertas de trabajo. ¿Y qué pasaría con la gente de
ese lugar?, ¿a poco no tiene más derecho a esos trabajos por ser originaria de ahí?
Además, cada país tiene el derecho de poner las leyes que quiera, aunque atenten contra
los migrantes. Pero volviendo a lo de la mentira piadosa, es puro choro, acé
ptalo, Lalo.
—¿Cómo?, ¿por qué dices que es choro? —preguntó
Eduardo.
—Porque cuando la gente dice eso, lo único que hace es evadir su
responsabilidad. Por ejemplo, si tú le hubieras dicho la verdad al oficial, ¿hubieras tenido
la culpa de que atraparan a esas personas? Obviamente no. La culpa sería de ellos por
cruzarse a México de manera clandestina. En cambio, como no dijiste la verdad, eres
culpable de que los oficiales no hayan hecho bien su trabajo. Y no solo eso, sino que
además les diste información falsa. Al decir que fue una mentira piadosa solo reconoces
que hiciste algo malo —respondió
, Claudia.
—Pero, ¡cómo!, ¿entonces siempre tenemos que decir la verdad? —se sorprendió
Eduardo.
—¡
Claro!
—¡Ay!, ¡cálmate!, Clau —dijo Ana—. ¿A poco dirías la verdad si fuera tu familia la
que estuviera en peligro? Y tampoco es que los migrantes tengan la culpa, a lo mejor no
les va bien en su país. Es peligroso para ellos venir porque a veces los golpean para
robarles lo que traen. Una tía, que es enfermera en un centro de salud, me contó que
seguido llegan indocumentados con heridas graves. Incluso una vez me contó que un
señor llegó muy demacrado por no comer varios días. El señor se había escapado de sus
secuestradores que lo habían engañ
ado prometiendo llevarlo hasta Tijuana.
—Bueno, no está bien que les hagan eso, pero, ¿para qué salen de su tierra?
Mejor deberían quedarse allá. Así no se arriesgan a que los detengan o los asalten. Y que
las leyes de su país los protejan porque acá ni son ciudadanos mexicanos, luego, ¿cómo
quieren derechos? —enfatizó
Claudia.
No contento con la postura de Claudia, Eduardo dijo:
—¿Y tú crees que lo hacen por gusto? Emigran por necesidad, así como mi tío
Pepe se fue a los Estados Unidos de mojado. El chavo que conocí ayer me contó que
viene de una familia pobre y, como no tiene estudios, prefirió salir de su país en busca de
trabajo. Los inmigrantes como él, aunque no sean mexicanos, tienen que comer, dormir y
no solo andar arriesgando su vida, también son seres humanos, ¿
no?
—Pues sí, pero hacen mal porque se pasan las fronteras sin papeles, violan las
leyes y tú lo único que hiciste fue solaparlos —concluyó Claudia.
viernes, 22 de enero de 2016
RECURSAMIENTO/ ACTIVIDAD LUNES 25 DE ENERO 2016
HOLA MUCHACHOS:
HE ESTADO MAL DE SALUD POR UNA BACTERIA; HOY ME SIENTO MEJOR Y OFREZCO UNA DISCULPA ÓR NO PONERME ANTES EN CONTACTO.
AQUI LES DEJO INSTRUCCIONES PARA PRESENTAR ESTE LUNES.
SEXUALIDAD
EJERCICIOS
ENTRE AL LINK PARA IMPRIMIR EJERCICIOS Y DESÚES DE REALIZARLOS ENCARPERAR Y FORRAR CARPETA. PONGA UNA ETIQUETA QUE DIGA: EVIDENCIAS RECURSAMIENTO O BIEN PEGUELAS EN SU CUADERNO DE TAREAS Y PONGA LA MISMA ETIQUETA LA INICIO DE LA SEPARACION
HE ESTADO MAL DE SALUD POR UNA BACTERIA; HOY ME SIENTO MEJOR Y OFREZCO UNA DISCULPA ÓR NO PONERME ANTES EN CONTACTO.
AQUI LES DEJO INSTRUCCIONES PARA PRESENTAR ESTE LUNES.
SEXUALIDAD
EJERCICIOS
ENTRE AL LINK PARA IMPRIMIR EJERCICIOS Y DESÚES DE REALIZARLOS ENCARPERAR Y FORRAR CARPETA. PONGA UNA ETIQUETA QUE DIGA: EVIDENCIAS RECURSAMIENTO O BIEN PEGUELAS EN SU CUADERNO DE TAREAS Y PONGA LA MISMA ETIQUETA LA INICIO DE LA SEPARACION
jueves, 14 de enero de 2016
RECURSAMIENTO/LECTURA2 /SEXUALIDAD
Los enredos de Miriam y Luis
Mario Edmundo Chávez Tortolero
Luis no se siente a gusto con su cuerpo. A sus casi dieciséis años está más pesado de lo que quisiera. A veces hace ejercicio pero le cuesta mucho trabajo. Suele evitar todas las actividades que involucran movimientos bruscos. En cambio, la música le gusta bastante, quizá más que la comida, aunque casi nunca se atreve a bailar.
Fuera de la cancha y de la pista, Luis es bastante respetado. Muchos lo conocen como “El netas” porque siempre dice la verdad. Y todos saben que “El netas” no está dispuesto a seguir una dieta balanceada, ni a hacer más ejercicio del que está obligado en Educación Física. “Juzgar a una persona por su apariencia física es un error” -piensa él, pero a la vez quisiera tener otro cuerpo, uno de modelo, para conquistar a todas las chicas.
Un lunes por la mañana encontró a Miriam en la entrada de la escuela y se puso a platicar con ella. Miriam había llegado un poco más temprano que de costumbre porque quería platicar con Rosa sobre la fiesta del sábado pasado, pues no la habían dejado ir, y durante el fin de semana había estado imaginando a sus amigos platicando, bailando y divirtiéndose sin ella. Además, estaba segura de que Arturo se había besado con Paty. No sabía por qué le molestaba, pero le molestaba. No había pasado un mes desde que ella misma le dijera que no quería comprometerse con nadie.
-No creo en la monogamia- le dijo aquella vez.
–Te entiendo -contestó Arturo–. Tengo una amiga que aceptó andar con un tipo y con nadie más. ¡Y ahora no se lo puede quitar de encima!
–No es eso,- replicó Miriam- es que yo creo en la libertad. ¡Que cada quien bese a quien se le antoje!
De esas y otras cosas se acordaba Miriam, como si estuviera arrepentida. Mientras tanto, Luis le platicaba algo de música –Entonces tú tampoco fuiste a la fiesta- le dijo Miriam de repente.
-Ya te dije que no, -contestó Luis- ni creo que Arturo haya ido. Pero si se besó con Paty, no te preocupes, Rosa debe saberlo.
“¿Cómo le haré para preguntarle a Rosa sin que parezca que me interesa?” pensó Miriam.
Sin embargo, ese lunes Rosa llegó tarde a la escuela. Ya habían cerrado la puerta del salón, así es que tocó, abrió la puerta y pidió permiso para entrar. La maestra le indicó que fuera a sentarse justo al lado de Miriam, quien la miró con mala cara.
-El día de hoy –dijo la maestra de Ética- toca exposición y debate sobre el amor y el placer. Se trata de saber si el amor tiene que ser placentero o también puede ser doloroso. Paty y Arturo, por favor, pasen a exponer-.
Los dos pasaron al frente. Arturo inició la exposición: –En la actualidad, el amor y el placer no están tan ligados como antes. La libertad sexual se ha difundido bastante: en las calles, en las escuelas y en las familias. El día de hoy las personas pueden elegir una pareja y tener relaciones sexuales, sin preocuparse por la reproducción y las enfermedades de transmisión sexual. En nuestra sociedad siempre está latente la posibilidad de obtener placer sexual seguro y sin compromiso-.
-¿A solas también es placer sexual?- preguntó Luis en voz baja.
Después de una breve pausa, Paty continuó: –Actualmente existen muchos métodos anticonceptivos que antes no había. Antes no era como ahora, que se consiguen casi en cualquier lugar. Todo el mundo sabe de ellos, y muchos los utilizan para evitar enfermedades y embarazos no deseados. Pero es importante saber que ningún método anticonceptivo es cien por ciento seguro, y que en ocasiones son utilizados incorrectamente, por lo que no siempre cumplen con su función-.
-¿Y eso qué tiene que ver con el amor?- preguntó Luis.
–Los griegos tenían varias palabras para referirse al amor- continuó Arturo de manera enfática- porque no es lo mismo el amor que le tienes a tu familia que el que le tienes a tu novia, ¿verdad? No es lo mismo el amor erótico que el afrodisiaco. El afrodisiaco está muy ligado a los placeres del cuerpo, y yo creo que este amor es el mejor de todos. ¡Cada quien es libre de besar a quien se le antoje!
Rosa levantó la mano y dijo: –Mi abuelo dice que en la antigüedad las personas eran muy promiscuas, o sea, que tenían sexo libre y con varias parejas: hombres con mujeres, hombres con hombres y mujeres con mujeres. ¡La homosexualidad era bien vista!-.
La maestra dijo: –Perdón que te interrumpa, Rosa. No es que esté mal lo que acabas de decir, pero es importante que pregunte esto antes de continuar. Si recuerdo bien, Arturo dijo “cada quien es libre de besar a quien se le antoje”. ¿Eso quiere decir que eres libre de besar a cualquier persona aunque la otra persona no quiera?-.
-No.- dijo Arturo y volteó a ver hacia el piso –Digo, solo si la otra persona también quiere-.
Miriam se levantó de su banca y dijo en voz alta: -¿Y cómo sabes que la otra persona también te quiere?, ¿qué tal que solamente te está usando?-.
Todos se quedaron atónitos. Miriam era muy tranquila y casi nunca hablaba en el salón de clases. Después de unos momentos de silencio, Pedro levantó la mano y dijo: -Estábamos hablando del amor y del placer. Yo creo que es muy importante distinguirlos. Si todo amor fuese placentero, entonces no amaríamos a nuestros padres, ni existiría el amor a la patria, por ejemplo. El amor es algo que puedes sentir por los demás, por ti mismo, por tu país. El placer es una de las cosas que puedes obtener de las personas y las cosas que amas. Pero el amor también puede doler, como cuando extrañas. Y así como hay varios tipos de amor, también debe de haber varios tipos de placer-.
-¿Cómo que varios tipos de placer?- preguntó Rosa.
-No sé, -dijo Pedro– supongo. Pero Arturo y Paty deben de saber-.
-Yo tampoco sé de qué hablas- dijo Arturo.
-Y tú, Paty, ¿qué opinas?- dijo la maestra.
-Yo creo que al menos hay dos tipos de placer: el que sientes en el cuerpo, como cuando comes algo rico o te acarician. Y el que se siente en el alma, como cuando alguien te dice algo bonito y te gusta lo que piensas.
-No inventes; el alma no existe- dijo Arturo.
-Estrictamente hablando, -dijo Pedro –si el alma existiera, no sentiría nada, porque no se trata de algo físico que pueda ver o tocar como los ojos o las manos.
Luis volteó directamente hacia donde estaba Pedro. –Bueno,- le dijo -estarás de acuerdo en que escuchar música es muy placentero-.
-Sí- dijo Pedro.
-Pero cuando una canción te gusta, no sientes el placer en tus orejas, ¿o sí? ¿Acaso alguien te las acaricia?
-Obviamente no, “Netas”, pero eso no implica que el alma exista- replicó Pedro.
-Entonces, cuando te gusta una canción, ¿en dónde sientes placer?- preguntó Luis.
-Pues en las neuronas– respondió Pedro.
Y siguieron discutiendo un buen rato. Cuando sintió que se desviaban demasiado del tema, Paty tomó la palabra y dio información estadística sobre el incremento poblacional. Hizo énfasis en la importancia de controlar los impulsos sexuales porque “un ratito de placer puede provocar cambios radicales e indeseables en la vida de un adolescente”, dijo de manera conclusiva.
-Bien,- intervino la maestra -recuerden que estamos trabajando el ámbito de la sexualidad, que está muy relacionado con el amor y el placer, pero también con la moralidad en general, con problemas de identidad y autoestima, así como con los roles sociales y las relaciones familiares, escolares y laborales. Nos vemos la próxima clase-.
Miriam no volvió a hablar hasta el descanso. En cuanto salió del salón fue a sentarse junto a Rosa, a un costado de la cancha de futbol.
-Mira, va a jugar Luis- le dijo a Rosa, y señaló el otro extremo de la cancha, en donde él estaba con Arturo y otros amigos.
-Mejor no, ya estoy muy gordo- dijo Luis.
-¿Acaso eres mujer?- le preguntó Pedro.
-¡Claro que no!- respondió Luis, le arrebató el balón, lo bajó con los pies y tiró con todas sus fuerzas. La pelota fue a dar fuera de la escuela. Todos se rieron y empezaron a molestarlo.
Después del descanso Luis se sentía muy mal porque todos habían visto cómo hacía el ridículo. Además de que no pudieron encontrar la pelota y entonces él tenía que comprar una nueva. Pero Miriam no dejaba de voltear hacia su banca, lo cual era bastante extraño.
A la salida, Miriam fue directamente hacia él y le dijo: –Hola. Oye, tengo que ir a comprar algo, ¿me acompañas?-.
Luis no dudó ni un instante –Claro que sí, ¡vamos!-.
Todos sus amigos empezaron a chiflar alrededor de ellos, pero se despidieron rápido y se fueron juntos.
-Hoy estuviste un poco rara en la clase- le dijo Luis mientras caminaban hacia la tienda.
-Sí, es que Arturo dice puras tonterías, y me puso de mal humor- contestó ella.
-Yo creo que te gusta demasiado- dijo Luis en tono burlón.
-¡No es cierto!- dijo Miriam -Además, anda con Paty-.
En ese instante, Luis dejó de escuchar porque sintió que sus manos se rozaban y le dieron ganas de tocarla. Se acercó un poco más, y un poco más, hasta que entrelazó sus dedos con los de ella. Miriam volteó a verlo directamente a los ojos. -¡Por fin!- pensó Luis.
-No sabía que te gustaba- le dijo.
-Si no me gustaras, no estaría aquí- contestó Miriam.
Fueron a casa de Miriam tomados de la mano. No había nadie cuando llegaron. Entraron al cuarto de Miriam y empezaron a besarse.
-Vamos por condones- dijo Miriam.
-Mejor así- contestó Luis.
-¡No! ¡Cómo crees!-.
Entonces dejaron de abrazarse y empezaron a forcejear.
-¡Suéltame!- gritó Miriam.
-Solo un poco- decía Luis entre dientes.
De repente, alguien abrió la puerta. Era el papá de Miriam.
Mario Edmundo Chávez Tortolero
Luis no se siente a gusto con su cuerpo. A sus casi dieciséis años está más pesado de lo que quisiera. A veces hace ejercicio pero le cuesta mucho trabajo. Suele evitar todas las actividades que involucran movimientos bruscos. En cambio, la música le gusta bastante, quizá más que la comida, aunque casi nunca se atreve a bailar.
Fuera de la cancha y de la pista, Luis es bastante respetado. Muchos lo conocen como “El netas” porque siempre dice la verdad. Y todos saben que “El netas” no está dispuesto a seguir una dieta balanceada, ni a hacer más ejercicio del que está obligado en Educación Física. “Juzgar a una persona por su apariencia física es un error” -piensa él, pero a la vez quisiera tener otro cuerpo, uno de modelo, para conquistar a todas las chicas.
Un lunes por la mañana encontró a Miriam en la entrada de la escuela y se puso a platicar con ella. Miriam había llegado un poco más temprano que de costumbre porque quería platicar con Rosa sobre la fiesta del sábado pasado, pues no la habían dejado ir, y durante el fin de semana había estado imaginando a sus amigos platicando, bailando y divirtiéndose sin ella. Además, estaba segura de que Arturo se había besado con Paty. No sabía por qué le molestaba, pero le molestaba. No había pasado un mes desde que ella misma le dijera que no quería comprometerse con nadie.
-No creo en la monogamia- le dijo aquella vez.
–Te entiendo -contestó Arturo–. Tengo una amiga que aceptó andar con un tipo y con nadie más. ¡Y ahora no se lo puede quitar de encima!
–No es eso,- replicó Miriam- es que yo creo en la libertad. ¡Que cada quien bese a quien se le antoje!
De esas y otras cosas se acordaba Miriam, como si estuviera arrepentida. Mientras tanto, Luis le platicaba algo de música –Entonces tú tampoco fuiste a la fiesta- le dijo Miriam de repente.
-Ya te dije que no, -contestó Luis- ni creo que Arturo haya ido. Pero si se besó con Paty, no te preocupes, Rosa debe saberlo.
“¿Cómo le haré para preguntarle a Rosa sin que parezca que me interesa?” pensó Miriam.
Sin embargo, ese lunes Rosa llegó tarde a la escuela. Ya habían cerrado la puerta del salón, así es que tocó, abrió la puerta y pidió permiso para entrar. La maestra le indicó que fuera a sentarse justo al lado de Miriam, quien la miró con mala cara.
-El día de hoy –dijo la maestra de Ética- toca exposición y debate sobre el amor y el placer. Se trata de saber si el amor tiene que ser placentero o también puede ser doloroso. Paty y Arturo, por favor, pasen a exponer-.
Los dos pasaron al frente. Arturo inició la exposición: –En la actualidad, el amor y el placer no están tan ligados como antes. La libertad sexual se ha difundido bastante: en las calles, en las escuelas y en las familias. El día de hoy las personas pueden elegir una pareja y tener relaciones sexuales, sin preocuparse por la reproducción y las enfermedades de transmisión sexual. En nuestra sociedad siempre está latente la posibilidad de obtener placer sexual seguro y sin compromiso-.
-¿A solas también es placer sexual?- preguntó Luis en voz baja.
Después de una breve pausa, Paty continuó: –Actualmente existen muchos métodos anticonceptivos que antes no había. Antes no era como ahora, que se consiguen casi en cualquier lugar. Todo el mundo sabe de ellos, y muchos los utilizan para evitar enfermedades y embarazos no deseados. Pero es importante saber que ningún método anticonceptivo es cien por ciento seguro, y que en ocasiones son utilizados incorrectamente, por lo que no siempre cumplen con su función-.
-¿Y eso qué tiene que ver con el amor?- preguntó Luis.
–Los griegos tenían varias palabras para referirse al amor- continuó Arturo de manera enfática- porque no es lo mismo el amor que le tienes a tu familia que el que le tienes a tu novia, ¿verdad? No es lo mismo el amor erótico que el afrodisiaco. El afrodisiaco está muy ligado a los placeres del cuerpo, y yo creo que este amor es el mejor de todos. ¡Cada quien es libre de besar a quien se le antoje!
Rosa levantó la mano y dijo: –Mi abuelo dice que en la antigüedad las personas eran muy promiscuas, o sea, que tenían sexo libre y con varias parejas: hombres con mujeres, hombres con hombres y mujeres con mujeres. ¡La homosexualidad era bien vista!-.
La maestra dijo: –Perdón que te interrumpa, Rosa. No es que esté mal lo que acabas de decir, pero es importante que pregunte esto antes de continuar. Si recuerdo bien, Arturo dijo “cada quien es libre de besar a quien se le antoje”. ¿Eso quiere decir que eres libre de besar a cualquier persona aunque la otra persona no quiera?-.
-No.- dijo Arturo y volteó a ver hacia el piso –Digo, solo si la otra persona también quiere-.
Miriam se levantó de su banca y dijo en voz alta: -¿Y cómo sabes que la otra persona también te quiere?, ¿qué tal que solamente te está usando?-.
Todos se quedaron atónitos. Miriam era muy tranquila y casi nunca hablaba en el salón de clases. Después de unos momentos de silencio, Pedro levantó la mano y dijo: -Estábamos hablando del amor y del placer. Yo creo que es muy importante distinguirlos. Si todo amor fuese placentero, entonces no amaríamos a nuestros padres, ni existiría el amor a la patria, por ejemplo. El amor es algo que puedes sentir por los demás, por ti mismo, por tu país. El placer es una de las cosas que puedes obtener de las personas y las cosas que amas. Pero el amor también puede doler, como cuando extrañas. Y así como hay varios tipos de amor, también debe de haber varios tipos de placer-.
-¿Cómo que varios tipos de placer?- preguntó Rosa.
-No sé, -dijo Pedro– supongo. Pero Arturo y Paty deben de saber-.
-Yo tampoco sé de qué hablas- dijo Arturo.
-Y tú, Paty, ¿qué opinas?- dijo la maestra.
-Yo creo que al menos hay dos tipos de placer: el que sientes en el cuerpo, como cuando comes algo rico o te acarician. Y el que se siente en el alma, como cuando alguien te dice algo bonito y te gusta lo que piensas.
-No inventes; el alma no existe- dijo Arturo.
-Estrictamente hablando, -dijo Pedro –si el alma existiera, no sentiría nada, porque no se trata de algo físico que pueda ver o tocar como los ojos o las manos.
Luis volteó directamente hacia donde estaba Pedro. –Bueno,- le dijo -estarás de acuerdo en que escuchar música es muy placentero-.
-Sí- dijo Pedro.
-Pero cuando una canción te gusta, no sientes el placer en tus orejas, ¿o sí? ¿Acaso alguien te las acaricia?
-Obviamente no, “Netas”, pero eso no implica que el alma exista- replicó Pedro.
-Entonces, cuando te gusta una canción, ¿en dónde sientes placer?- preguntó Luis.
-Pues en las neuronas– respondió Pedro.
Y siguieron discutiendo un buen rato. Cuando sintió que se desviaban demasiado del tema, Paty tomó la palabra y dio información estadística sobre el incremento poblacional. Hizo énfasis en la importancia de controlar los impulsos sexuales porque “un ratito de placer puede provocar cambios radicales e indeseables en la vida de un adolescente”, dijo de manera conclusiva.
-Bien,- intervino la maestra -recuerden que estamos trabajando el ámbito de la sexualidad, que está muy relacionado con el amor y el placer, pero también con la moralidad en general, con problemas de identidad y autoestima, así como con los roles sociales y las relaciones familiares, escolares y laborales. Nos vemos la próxima clase-.
Miriam no volvió a hablar hasta el descanso. En cuanto salió del salón fue a sentarse junto a Rosa, a un costado de la cancha de futbol.
-Mira, va a jugar Luis- le dijo a Rosa, y señaló el otro extremo de la cancha, en donde él estaba con Arturo y otros amigos.
-Mejor no, ya estoy muy gordo- dijo Luis.
-¿Acaso eres mujer?- le preguntó Pedro.
-¡Claro que no!- respondió Luis, le arrebató el balón, lo bajó con los pies y tiró con todas sus fuerzas. La pelota fue a dar fuera de la escuela. Todos se rieron y empezaron a molestarlo.
Después del descanso Luis se sentía muy mal porque todos habían visto cómo hacía el ridículo. Además de que no pudieron encontrar la pelota y entonces él tenía que comprar una nueva. Pero Miriam no dejaba de voltear hacia su banca, lo cual era bastante extraño.
A la salida, Miriam fue directamente hacia él y le dijo: –Hola. Oye, tengo que ir a comprar algo, ¿me acompañas?-.
Luis no dudó ni un instante –Claro que sí, ¡vamos!-.
Todos sus amigos empezaron a chiflar alrededor de ellos, pero se despidieron rápido y se fueron juntos.
-Hoy estuviste un poco rara en la clase- le dijo Luis mientras caminaban hacia la tienda.
-Sí, es que Arturo dice puras tonterías, y me puso de mal humor- contestó ella.
-Yo creo que te gusta demasiado- dijo Luis en tono burlón.
-¡No es cierto!- dijo Miriam -Además, anda con Paty-.
En ese instante, Luis dejó de escuchar porque sintió que sus manos se rozaban y le dieron ganas de tocarla. Se acercó un poco más, y un poco más, hasta que entrelazó sus dedos con los de ella. Miriam volteó a verlo directamente a los ojos. -¡Por fin!- pensó Luis.
-No sabía que te gustaba- le dijo.
-Si no me gustaras, no estaría aquí- contestó Miriam.
Fueron a casa de Miriam tomados de la mano. No había nadie cuando llegaron. Entraron al cuarto de Miriam y empezaron a besarse.
-Vamos por condones- dijo Miriam.
-Mejor así- contestó Luis.
-¡No! ¡Cómo crees!-.
Entonces dejaron de abrazarse y empezaron a forcejear.
-¡Suéltame!- gritó Miriam.
-Solo un poco- decía Luis entre dientes.
De repente, alguien abrió la puerta. Era el papá de Miriam.
lunes, 11 de enero de 2016
RECURSAMIENTO /LECTURA 1/RELACIONES INTERPERSONALES
HOLA NIÑOS:
BIENVENIDOS A SU RECURSAMIENTO DE ETICA.
FAVOR DE IMPRIMIR LA SIGUIENTE LECTURA .
ES NECESARIA PARA TRABAJAR EN CLASE.
Ser humano y hacerse humano en un mundo de relaciones interpersonales.
Pablo Flores del Rosario
Cuando Ernesto escuchó hablar de tejido humano, en su clase de Biología, intentó recordar otro
contexto en el que se habló de esa expresión. Quizá porque la palabra fue más evocadora de lo
que hubiera deseado, lo llevó al recuerdo de una serie de sucesos ocurridos en otra clase.
Había sucedido en la clase de Ética, del grupo B del tercer semestre, en el Bachillerato. Hubo una
discusión sobre la relación con otras personas que tuvo como punto de partida las palabras
libertad y autonomía. El profesor en esa ocasión expresó que tal vez haría falta una palabra más:
heteronomía.
Ernesto había preguntado, dirigiéndose al grupo y al profesor: “Si la libertad y la autonomía no
son algo natural en el ser humano, si no nacemos con ellas, al menos eso creo, sino que es algo
que se logra, ¿puede ser que ambas se conviertan en una forma de justificar el abuso hacia otras
personas? Trataré de explicar: si soy libre y nadie manda en mí, porque soy autónomo, entonces
puedo ser violento con quien no me agrade, sea la persona que sea”. Una inquietud había
empujado a Ernesto a plantear su pregunta: fue testigo del abuso de Fulgencio, un compañero de
su mismo grupo, hacia un estudiante de primer semestre. Cuando Ernesto intervino, gritando que
estaba violentando a su compañero, esta fue la respuesta que recibió de Fulgencio: “…soy libre y
nadie manda en mí, puedo hacer lo que se me antoje. Y si te metes, también para ti hay”.
La premisa, la pregunta y la consecuencia que se desprendían de lo que había dicho Ernesto,
detonaron la polémica. Fueron levantándose las manos para pedir la palabra, el profesor organizó
el orden de participación.
Para Aleida la libertad es un concepto difícil de manejar, que no puede reducirse al simple hecho
de que alguien diga que es libre, porque para ella ser libre depende de lo que uno entienda por
libertad. Además agregó, hay que tomar en cuenta el lugar donde se pretende actuar con libertad.
Tras esto preguntó: “¿Qué cosas indican que una persona es libre?, ¿cuál de esas cosas garantizan
que nuestra libertad no violente a los demás? Además, ¿con qué criterios se determina que una
persona es autónoma?, ¿y cuál de esos criterios garantizan que nuestra autonomía no violente a
los demás?”.
“Son varias preguntas”, acotó el profesor. E inmediatamente se escucharon otras:
Marcela: “¿Es lo mismo libertad y autonomía?”
Inti: “¿Qué es la libertad? ¿Y qué es la autonomía?”
Zoraida: “¿Y qué es la heteronomía?”
Carmen: “¿Es posible aplicar la palabra libertad a la relación entre individuos y la palabra
autonomía a la relación entre países o entre grupos humanos?”.
Profesor: “Son muchas preguntas. Quizá no podamos responder a todas. Tal vez se requiera investigar para dar buenas respuestas ya que se trata de cuestiones interesantes”.
Hilda: “Para usted son preguntas interesantes, para nosotros son preguntas que nos afectan en nuestra vida. Sólo imagine si Ernesto responde a la violencia de Fulgencio. Dado que es libre de responder como se le antoje, entonces la violencia hubiera generado más violencia; pero bueno, parece que Ernesto cree que la libertad es algo más que solo hacer lo primero que nos dé la gana. Y dado que tenemos varias preguntas y cada quien tiene posibles respuestas, entonces buscar respuestas en grupo nos hace una comunidad de investigación. ¿No lo cree, profesor?”.
El profesor se dio cuenta que de no poner orden, la clase se convertiría en una serie de preguntas que terminarían por dejar de tener relación con la inquietud de Ernesto. Así que se dirigió a él y le preguntó: “¿Qué razones puedes darnos de que los conceptos libertad y autonomía pueden servir como medio de justificación de la violencia hacia otros?”
Aunque Ernesto esperaba la pregunta, ya sabía que en esta clase las preguntas no se responden sino con otras preguntas. Por ello dudó en dar una respuesta de inmediato. Y su respuesta pareció explorar el terreno que abría la pregunta del profesor. “No sé si un hecho sea una razón, pero puedo decir que del hecho de que Fulgencio me respondiera usando la palabra libertad, me pareció que la usaba para justificar su acción violenta hacia el compañero de primer semestre”.
Inti: “Por lo que dice Ernesto, el problema con la libertad y la autonomía no es únicamente conceptual. Lo que quiero decir es que no basta con saber la definición de estas palabras para creer que actuamos de modo libre y autónomo”.
Zoraida: “Lo mismo ocurre con la palabra heteronomía. Entonces Hilda tiene razón. Las preguntas sobre lo que afecta nuestra vida no solo son preguntas sobre lo que significan las palabras, también tienen que ver con nuestras acciones, con lo que hacemos asumiendo que somos libres”.
Marcela: “Es posible que así sea, pero cuando pregunté por los conceptos pensé que conocer algo de ellos nos permitiría tener mejores relaciones con las otras personas. Por ejemplo, en este diccionario se dice que la libertad consiste en elegir responsablemente. ¿Y qué es elegir responsablemente? Quiere decir que alguien sabe que lo que haga tendrá consecuencias, y de ellas deberá hacerse responsable y, además, prevé estas consecuencias. Dada esta definición, ¿Fulgencio es libre? Y en el caso de autonomía, el mismo diccionario dice que consiste en que uno mismo se da la ley y debe obedecerla porque uno se la ha dado. Pero, ¿alguien puede darse como ley ser violento con otras personas? No lo creo. Entonces me pregunto: ¿Fulgencio es autónomo?”.
Fidel: “Quizá no sea libre, quizá no sea autónomo, porque ante Ernesto sólo justificó la violencia hecha contra otro estudiante de bachillerato. A Fulgencio le falta que alguien se imponga sobre él, algo como la ley que evitaría que se comportara así. Le falta heteronomía, y este diccionario dice que la heteronomía consiste en aceptar leyes impuestas por la sociedad, que son las que nos guían para actuar. Por lo visto, la heteronomía evitaría los Fulgencio que hay acá y allá”.
Octavio: “Eso no es cierto porque la sociedad impone las mismas leyes a diferentes grupos, que viven una diversidad de circunstancias, que hasta parece que no pertenecen a la misma sociedad. Si esto es verdad, entonces es posible que alguno de esos grupos se sientan violentados por esas leyes”.
Hilda: “Octavio, ¿sugieres que Fulgencio ha vivido leyes sociales que lo han violentado y por eso es violento? ¿Eso no es igual a pensar que las circunstancias deciden nuestro destino y que nosotros no podemos cambiar las circunstancias para hacer un destino mejor?”.
“Me parece…”, dijo Alberto con la mano en alto y buscando la aprobación del profesor, “…que la forma en que vivo, que se compone por el lugar donde nací, y donde ahora vivo, los libros que leo, los programas de televisión que veo, las redes sociales en internet donde participo, la escuela a la que asisto, los alimentos que consumo, los amigos y la familia que tengo, todo ello son mis circunstancias. ¿Cómo cambiar todo esto? ¿No es éste mi destino en tanto aquí vivo?”.
Inti: “Además, aquí es donde está la fuente de nuestros sentimientos y acciones, porque es el lugar donde más intimidad y cercanía tenemos con quienes viven con nosotros, estamos más implicados y de ese modo desarrollamos sentimientos y actuamos con ellos. Creo que ese es el fin de las relaciones humanas: nos permiten desarrollar sentimientos y acciones que se fundan en esos sentimientos. Entonces, ¿no hemos tenido buenas relaciones humanas, buenas relaciones con otras personas y por eso nuestras relaciones se dan a través de la violencia?, ¿es ésta una razón o una justificación de las personas violentas, como Fulgencio?”.
Desde la perspectiva del profesor con los comentarios se empezaba a formar un círculo, donde lo que se inició, que era la inquietud de Ernesto, empezaba a repetirse. Además el tiempo de la clase estaba por terminar. Así que dirigiéndose a Ernesto, el profesor dijo: “¿Podrías hacer un resumen, una conclusión, enlazando todo lo que se ha discutido en esta sesión?”.
Ernesto: “Varios elementos aparecieron en las preguntas hechas por todos. Palabras como conceptos, leyes sociales, implicación, sentimientos. Escenarios, esto es, las circunstancias donde actuamos. Y hechos, como nuestras acciones, todas aparecen relacionadas unas con otras”.
“Como si fuera un tejido de relaciones conceptuales, escenarios y hechos”, dijo el profesor.
“Sí, como si fuera eso”, dijo Ernesto y continuó. “Si usted tiene razón profesor, entonces alguien da una buena razón de sus acciones cuando amarra en un tejido de explicaciones relaciones conceptuales, escenarios y hechos; se trata de una persona que conoce los conceptos que usa. Los usa para resolver problemas en contextos pertinentes, además es sensible al contexto y actúa en consecuencia, y lo hace bien. Y alguien, como Fulgencio, sólo hace una justificación de sus acciones cuando ofrece como elemento explicativo de su acción uno, y sólo uno, de estos elementos. Este tipo de justificaciones están hechas con un tipo de razonamiento falaz. Lo más importante es que los conceptos de la ética adquieren sentido cuando nos dicen algo a nosotros, guían nuestra acción y nos ofrecen claridad sobre las circunstancia donde actuamos. Además, nos permiten saber que esa es la mejor acción de un conjunto de acciones posibles”.
Fidel expresó una duda: “Fulgencio está en esta clase, pero decidió abandonar la sesión, ¿eso puede revelar carencia en el manejo de sus emociones? Por su actitud se nota que no sabe cómo
manejar las consecuencias de sus acciones y las evade. Eso es malo, y hay que recordar que le dijo a Ernesto “también para ti hay”. Eso debe preocuparnos”.
Justo en ese momento sonó el timbre indicando que la clase daba fin. Los estudiantes miraron consternados al profesor, como sugiriendo el deseo de continuar. El profesor sólo dijo que la sesión siguiente tomaría como punto de partida la conclusión de Ernesto y la duda de Fidel
BIENVENIDOS A SU RECURSAMIENTO DE ETICA.
FAVOR DE IMPRIMIR LA SIGUIENTE LECTURA .
ES NECESARIA PARA TRABAJAR EN CLASE.
Ser humano y hacerse humano en un mundo de relaciones interpersonales.
Pablo Flores del Rosario
Cuando Ernesto escuchó hablar de tejido humano, en su clase de Biología, intentó recordar otro
contexto en el que se habló de esa expresión. Quizá porque la palabra fue más evocadora de lo
que hubiera deseado, lo llevó al recuerdo de una serie de sucesos ocurridos en otra clase.
Había sucedido en la clase de Ética, del grupo B del tercer semestre, en el Bachillerato. Hubo una
discusión sobre la relación con otras personas que tuvo como punto de partida las palabras
libertad y autonomía. El profesor en esa ocasión expresó que tal vez haría falta una palabra más:
heteronomía.
Ernesto había preguntado, dirigiéndose al grupo y al profesor: “Si la libertad y la autonomía no
son algo natural en el ser humano, si no nacemos con ellas, al menos eso creo, sino que es algo
que se logra, ¿puede ser que ambas se conviertan en una forma de justificar el abuso hacia otras
personas? Trataré de explicar: si soy libre y nadie manda en mí, porque soy autónomo, entonces
puedo ser violento con quien no me agrade, sea la persona que sea”. Una inquietud había
empujado a Ernesto a plantear su pregunta: fue testigo del abuso de Fulgencio, un compañero de
su mismo grupo, hacia un estudiante de primer semestre. Cuando Ernesto intervino, gritando que
estaba violentando a su compañero, esta fue la respuesta que recibió de Fulgencio: “…soy libre y
nadie manda en mí, puedo hacer lo que se me antoje. Y si te metes, también para ti hay”.
La premisa, la pregunta y la consecuencia que se desprendían de lo que había dicho Ernesto,
detonaron la polémica. Fueron levantándose las manos para pedir la palabra, el profesor organizó
el orden de participación.
Para Aleida la libertad es un concepto difícil de manejar, que no puede reducirse al simple hecho
de que alguien diga que es libre, porque para ella ser libre depende de lo que uno entienda por
libertad. Además agregó, hay que tomar en cuenta el lugar donde se pretende actuar con libertad.
Tras esto preguntó: “¿Qué cosas indican que una persona es libre?, ¿cuál de esas cosas garantizan
que nuestra libertad no violente a los demás? Además, ¿con qué criterios se determina que una
persona es autónoma?, ¿y cuál de esos criterios garantizan que nuestra autonomía no violente a
los demás?”.
“Son varias preguntas”, acotó el profesor. E inmediatamente se escucharon otras:
Marcela: “¿Es lo mismo libertad y autonomía?”
Inti: “¿Qué es la libertad? ¿Y qué es la autonomía?”
Zoraida: “¿Y qué es la heteronomía?”
Carmen: “¿Es posible aplicar la palabra libertad a la relación entre individuos y la palabra
autonomía a la relación entre países o entre grupos humanos?”.
Profesor: “Son muchas preguntas. Quizá no podamos responder a todas. Tal vez se requiera investigar para dar buenas respuestas ya que se trata de cuestiones interesantes”.
Hilda: “Para usted son preguntas interesantes, para nosotros son preguntas que nos afectan en nuestra vida. Sólo imagine si Ernesto responde a la violencia de Fulgencio. Dado que es libre de responder como se le antoje, entonces la violencia hubiera generado más violencia; pero bueno, parece que Ernesto cree que la libertad es algo más que solo hacer lo primero que nos dé la gana. Y dado que tenemos varias preguntas y cada quien tiene posibles respuestas, entonces buscar respuestas en grupo nos hace una comunidad de investigación. ¿No lo cree, profesor?”.
El profesor se dio cuenta que de no poner orden, la clase se convertiría en una serie de preguntas que terminarían por dejar de tener relación con la inquietud de Ernesto. Así que se dirigió a él y le preguntó: “¿Qué razones puedes darnos de que los conceptos libertad y autonomía pueden servir como medio de justificación de la violencia hacia otros?”
Aunque Ernesto esperaba la pregunta, ya sabía que en esta clase las preguntas no se responden sino con otras preguntas. Por ello dudó en dar una respuesta de inmediato. Y su respuesta pareció explorar el terreno que abría la pregunta del profesor. “No sé si un hecho sea una razón, pero puedo decir que del hecho de que Fulgencio me respondiera usando la palabra libertad, me pareció que la usaba para justificar su acción violenta hacia el compañero de primer semestre”.
Inti: “Por lo que dice Ernesto, el problema con la libertad y la autonomía no es únicamente conceptual. Lo que quiero decir es que no basta con saber la definición de estas palabras para creer que actuamos de modo libre y autónomo”.
Zoraida: “Lo mismo ocurre con la palabra heteronomía. Entonces Hilda tiene razón. Las preguntas sobre lo que afecta nuestra vida no solo son preguntas sobre lo que significan las palabras, también tienen que ver con nuestras acciones, con lo que hacemos asumiendo que somos libres”.
Marcela: “Es posible que así sea, pero cuando pregunté por los conceptos pensé que conocer algo de ellos nos permitiría tener mejores relaciones con las otras personas. Por ejemplo, en este diccionario se dice que la libertad consiste en elegir responsablemente. ¿Y qué es elegir responsablemente? Quiere decir que alguien sabe que lo que haga tendrá consecuencias, y de ellas deberá hacerse responsable y, además, prevé estas consecuencias. Dada esta definición, ¿Fulgencio es libre? Y en el caso de autonomía, el mismo diccionario dice que consiste en que uno mismo se da la ley y debe obedecerla porque uno se la ha dado. Pero, ¿alguien puede darse como ley ser violento con otras personas? No lo creo. Entonces me pregunto: ¿Fulgencio es autónomo?”.
Fidel: “Quizá no sea libre, quizá no sea autónomo, porque ante Ernesto sólo justificó la violencia hecha contra otro estudiante de bachillerato. A Fulgencio le falta que alguien se imponga sobre él, algo como la ley que evitaría que se comportara así. Le falta heteronomía, y este diccionario dice que la heteronomía consiste en aceptar leyes impuestas por la sociedad, que son las que nos guían para actuar. Por lo visto, la heteronomía evitaría los Fulgencio que hay acá y allá”.
Octavio: “Eso no es cierto porque la sociedad impone las mismas leyes a diferentes grupos, que viven una diversidad de circunstancias, que hasta parece que no pertenecen a la misma sociedad. Si esto es verdad, entonces es posible que alguno de esos grupos se sientan violentados por esas leyes”.
Hilda: “Octavio, ¿sugieres que Fulgencio ha vivido leyes sociales que lo han violentado y por eso es violento? ¿Eso no es igual a pensar que las circunstancias deciden nuestro destino y que nosotros no podemos cambiar las circunstancias para hacer un destino mejor?”.
“Me parece…”, dijo Alberto con la mano en alto y buscando la aprobación del profesor, “…que la forma en que vivo, que se compone por el lugar donde nací, y donde ahora vivo, los libros que leo, los programas de televisión que veo, las redes sociales en internet donde participo, la escuela a la que asisto, los alimentos que consumo, los amigos y la familia que tengo, todo ello son mis circunstancias. ¿Cómo cambiar todo esto? ¿No es éste mi destino en tanto aquí vivo?”.
Inti: “Además, aquí es donde está la fuente de nuestros sentimientos y acciones, porque es el lugar donde más intimidad y cercanía tenemos con quienes viven con nosotros, estamos más implicados y de ese modo desarrollamos sentimientos y actuamos con ellos. Creo que ese es el fin de las relaciones humanas: nos permiten desarrollar sentimientos y acciones que se fundan en esos sentimientos. Entonces, ¿no hemos tenido buenas relaciones humanas, buenas relaciones con otras personas y por eso nuestras relaciones se dan a través de la violencia?, ¿es ésta una razón o una justificación de las personas violentas, como Fulgencio?”.
Desde la perspectiva del profesor con los comentarios se empezaba a formar un círculo, donde lo que se inició, que era la inquietud de Ernesto, empezaba a repetirse. Además el tiempo de la clase estaba por terminar. Así que dirigiéndose a Ernesto, el profesor dijo: “¿Podrías hacer un resumen, una conclusión, enlazando todo lo que se ha discutido en esta sesión?”.
Ernesto: “Varios elementos aparecieron en las preguntas hechas por todos. Palabras como conceptos, leyes sociales, implicación, sentimientos. Escenarios, esto es, las circunstancias donde actuamos. Y hechos, como nuestras acciones, todas aparecen relacionadas unas con otras”.
“Como si fuera un tejido de relaciones conceptuales, escenarios y hechos”, dijo el profesor.
“Sí, como si fuera eso”, dijo Ernesto y continuó. “Si usted tiene razón profesor, entonces alguien da una buena razón de sus acciones cuando amarra en un tejido de explicaciones relaciones conceptuales, escenarios y hechos; se trata de una persona que conoce los conceptos que usa. Los usa para resolver problemas en contextos pertinentes, además es sensible al contexto y actúa en consecuencia, y lo hace bien. Y alguien, como Fulgencio, sólo hace una justificación de sus acciones cuando ofrece como elemento explicativo de su acción uno, y sólo uno, de estos elementos. Este tipo de justificaciones están hechas con un tipo de razonamiento falaz. Lo más importante es que los conceptos de la ética adquieren sentido cuando nos dicen algo a nosotros, guían nuestra acción y nos ofrecen claridad sobre las circunstancia donde actuamos. Además, nos permiten saber que esa es la mejor acción de un conjunto de acciones posibles”.
Fidel expresó una duda: “Fulgencio está en esta clase, pero decidió abandonar la sesión, ¿eso puede revelar carencia en el manejo de sus emociones? Por su actitud se nota que no sabe cómo
manejar las consecuencias de sus acciones y las evade. Eso es malo, y hay que recordar que le dijo a Ernesto “también para ti hay”. Eso debe preocuparnos”.
Justo en ese momento sonó el timbre indicando que la clase daba fin. Los estudiantes miraron consternados al profesor, como sugiriendo el deseo de continuar. El profesor sólo dijo que la sesión siguiente tomaría como punto de partida la conclusión de Ernesto y la duda de Fidel
Suscribirse a:
Entradas (Atom)