martes, 17 de noviembre de 2015

TERCERA EVALUACION

Hola niños:
Para este parcial, realizaremos dos actividades:
TENDEDERO DE VALORES/DERECHOS Y SKETCH Y/O PERIODICO MURAL

INSTRUCCIONES GENERALES:
  •  Trabajaremos las dos actividades por equiopos y trataremos las diferentes generaciones de derechos que aparecen en pagina 120-121 de su libro. 
  • Cada grupo se dividirá en 4 equipos (el numero de integramtes dependerá de la generación que esté trabajando)
  • Se sorteará el numero de generación que se va a trabajar.
  • El día de la presentación del sketch cada equipo deberá llevar 5 bolsas jumbo color negro y una cinta (solo grupos de sketch).
INSTRUCCIONES DE TENDEDERO:
  • Eligirán al azar un derecho perteneciente a su generación.
  • Realizarán el boceto de una camiceta en una cartulina (color deseado, debe ser uniforme toda la generación)
  • Deberán decorar su playera al gusto
  • Al frente de la playera deberá estar plasmado de manera visible y con letra legible, el derecho que ud. eligió 
  • En la parte posterior deberá idear una frase alusiva al derecho.
  • La frase debe ser de su autoria y la imagen puede ser impresa (Ambas deben tener relación con el derecho)
  • Deberá exponer su camiceta frente a grupo de forma individual en la fecha que indique en la parte inferior de este documento.
INSTRUCCIONES DE SKETCH:
  • Con el equipo formado para su tendedero, deberá realizar un sketh de una duración de 5 a 10 minutos.
  • El sketch debe contener inicio, dessarrollo y fin.
  • Es importante que el dialogo y la historia resalten de manera clara los derechos de su generación (Por lo menos 3).
  • Cada integrante deberá caracterizarse de manera sencilla y economica, de acuerdo al personaje que representa.
  • Todos los integrantes deberán participar (El narrador cuenta como personaje)
RUBRICA DE EVALUACIÓN TENDEDERO: 30%
  1. Presenterlo en tiempo y forma
  2. Creatividad
  3. Cumplir con instrucciones anteriores
  4. Exponerlo de manera clara
RUBRICA DE EVALUACIÓN DE SKETH: 40%
  1. Presentarlo en tiempo y forma
  2. Creatividad
  3. Cumplir con puntos anteriores
RÚBRICA DE PERIODICO MURAL: 40%
  1. Tenerlo listo el día 27 de Noviembre o antes.
  2. Deberá contener claramente por lo menos 5 derechos de la generación que se está trabajando.
  3. Su periódco debe tener titúlo, fecha y nombre de los integrantes.
  4. Cada generáción deberá armar dos murales; deben dividir el equipo en dos y cada una abordará distintos derechos ( la cuarta generación no se divide).
  5. Su periodico deberá ser creativo.

FECHAS DE TENDEDERO:
3A martes 24 de Noviembre.
3D miercoles 25 de Noviembre.
3E Lunes 23 de Noviembre
3L Jueves 26 de Noviembre

FECHAS DE SKETCH:
3A viernes 27 de Noviembre
3D Jueves 26 de Noviembre (cumpleaños Castelo)
 3L Viernes 27 de Noviembre

FECHA PERIODICO MURAL:
3E Último día de evaluación viernes 27 de Noviembre (Podrán trabajar en ´´el martes24 y miercoles 25 de Noviembre)

QUE DIOS LOS BENDIGA SIEMPRE Y AUNQUE ME MAREO Y QUEDO RONCA, ES UN PLACER TRABAJAR PARA USTEDES
ÉXITO Y FELICIDAD ES LO QUE MERECEN Y CON ESE FIN DEBEMOS TRABAJAR
CON TODO EL CARIÑO:
MAESTRA BRENDA

lunes, 9 de noviembre de 2015

PASO 7: PRODUCTO CNDH/ DERECHOS HUMANOS

Hola niños: PARA HACEREL PRODUCTO LEAN EL SIG LINK Y ELIJA POR LO MENOS 5 DERECHOS QUE SE HAYAN ABORDADO EN LA LECTURA Y REPRESENTELOS CON UN DIBUJO A COLOR HECHO POR USTEDES.


DERECHOS HUMANOS

LOS CLANDESTINOS/DERECHOS HUMANOS

Ámbito de acción humana: Derechos Humanos
Los clandestinos
Miriam Díaz Somera
Eduardo caminaba de regreso a casa cuando vio pasar a varias personas que iban
corriendo, parecían huir. Uno de ellos chocó con él y, sin querer, le tiró la mochila.
—Perdón, hermano —le dijo el joven titubeando y agitado de tanto correr—, nos
andamos escondiendo de la migra. ¿No tienes agua o algo de comer que me regales? Te
lo agradecería.
Eduardo no sabía si reclamarle por el empujón o solo dejarlo pasar. La mirada y la
pregunta del muchacho lo desconcertaron. Era evidente que ese joven, que parecía de su
misma edad, necesitaba ayuda y se encontraba en una situación crítica.
—No, no traigo nada. Pero si quieres, te invito un chesco.
—Gracias, hermano, pero no tengo tiempo porque allá adelante van mis compas y
es peligroso que me quede solo.
—Pero la tienda está aquí, luego luego. Ahorita los alcanzas.
El muchacho desconfió un poco de Eduardo, pero aceptó la oferta porque tenía
mucha sed y necesitaba reponer energías para continuar su camino. En la tienda, le
contó que los migrantes ya no se suben al tren que llega a la frontera de México con
Estados Unidos porque hay vigilantes que les impiden viajar encima.
—Como ahora no nos dejan treparnos a «La bestia», caminamos a un lado de las
vías donde la gente nos pueda ver. Hay quienes nos dan asilo y comida, pero otros nos
miran con desconfianza o hacen como que no nos ven. Y cuando hemos atravesado los
poblados, a varios de mis compas los han amenazado y golpeado o les han robado sus
cosas. A veces nos tratan como si no fuéramos personas. Además, las combis nos
cobran más caro el pasaje.
—¿Por qué les cobran más?
—Es que ya saben que somos indocumentados y, si no les pagamos, nos pueden
denunciar y nos mandarían de regreso a nuestro país.
—¿Y tú ya no quieres regresar?
—Allá dejé a mi familia, pero nos hace falta dinero y como no tengo estudio, por
eso me voy a trabajar a Estados Unidos. Lo malo es que está muy duro el camino y sobre
todo pasar la frontera… uno arriesga la vida.
—Pero…
—Pero nada, hermano. Ya me voy. Que dios te bendiga.
A los pocos segundos de que el muchacho se fue, pasó frente a Eduardo una
camioneta con las siglas INM. El conductor, que vestía un uniforme negro y gafas
oscuras, se detuvo para preguntarle:
—Oye, ¿no viste adónde se fueron unos migrantes que andaban por aquí?
—No, ni cuenta me di, aunque se me hace que vi a alguien irse para aquel rumbo
—dijo señalando el sentido contrario al que habían tomado las personas.
—Bueno, gracias —murmuró el agente de migración mientras ponía en marcha la
camioneta.
Esa tarde, Eduardo le preguntó a su primo Mario, que está estudiando para ser
abogado, la razón por la cual se persigue a los migrantes. Mario le explicó:
—Es un derecho humano permanecer libre dentro de tu propio país, así como salir
de él y poder regresar de manera voluntaria. Sin embargo, cada nación establece una
legislación propia para entrar a su territorio. Y esas leyes se tienen que respetar. Por eso
a los extranjeros los deportan cuando cruzan la frontera de manera ilegal.
—Pero, ¿por qué es un derecho humano salir libremente de un país y no entrar
libremente a otro? —preguntó Eduardo.
—Porque cada nación tiene un territorio y es posible que crean que su seguridad
se pone en riesgo por los extranjeros. O porque los migrantes les quiten el trabajo a
personas de ese país. O, incluso, que gocen de beneficios sin pagar impuestos. Por eso,
muchos países restringen sus fronteras —replicó Mario.
—Mmm… pero, ¿quién estableció esas fronteras? ¿Cómo saben que los
inmigrantes son realmente una amenaza? ¿Por eso está permitido maltratarlos? —
cuestionó Eduardo intrigado.
—Yo qué sé, Edi. Andas muy preguntón.
El encuentro con el migrante y la plática que tuvo con su primo, mantuvieron a
Eduardo pensando toda la tarde en las razones que podrían tener los mexicanos para
tratar mal a los inmigrantes. «Si a los extranjeros que vienen de Europa o de otros países
como turistas los tratamos bien, ¿por qué no es igual con los migrantes
centroamericanos?» se preguntaba. «¿Por qué el derecho humano al libre tránsito está
limitado por la legislación de cada país?».
Al día siguiente, Eduardo decidió contarle a dos de sus amigas del bachillerato lo
que le había ocurrido:
—Oigan, ¿les cuento un secreto?
—A ver, ¿qué traes? Suelta la sopa —dijo Claudia.
—Sí, Lalo, ¿qué pasa contigo? Andas medio sospechoso —dijo Ana.
—Pues resulta que ayer vi a unos migrantes que iban huyendo de la policía. Uno
de ellos chocó conmigo y me pidió comida. Pero como no llevaba nada que darle, le
invité un refresco —continuó Eduardo.
—¿Y luego? —preguntó Ana.
—Se fue para alcanzar a los demás —respondió Eduardo—. Pero luego llegó una
camioneta, que creo que era de la migra, y un tipo que parecía poli me preguntó si yo
sabía a dónde se habían ido. Entonces le dije…
—Bien hecho, Lalo, qué bueno que le dijiste —dijo Claudia.
—¿Qué? ¿Por qué te da gusto, Claudia? —preguntó Ana.
—Pues es que son ilegales y no sabemos qué costumbres y mañas traigan.
Además, solo pasan por aquí para llegar a Estados Unidos o Canadá. Todavía vinieran a
visitar nuestro país… pero no, ven a México como lugar de paso.
—Pues no los delaté. Señalé un camino distinto al que habían tomado —prosiguió
Eduardo.
—No inventes, Lalo. ¿En serio? ¿No te dio miedo que te cacharan o te dijeran algo
por andar mintiendo a la policía? ¿Qué tal si te acusan de ocultar información a las
autoridades? —lo interrogó Ana.
—No creo que me hagan nada, ni que fuera para tanto. Fue una mentira piadosa.
—¡Ah! Y yo que estaba contenta porque pensé que los habías delatado —dijo
Claudia.
—No, no hice eso, la verdad… sentí muy gacho al ver que esas personas andan
sin comer y quién sabe dónde duerman. Además, iban familias, vi a señores y señoras
con niños pequeños. ¿Se imaginan qué haríamos nosotros si nos encontráramos en esa
situación y nadie nos quisiera ayudar?
—Sería muy triste que nomás nos ignoraran o nos tuvieran miedo por venir de
fuera —dijo Ana.
—Eso mero le preguntaba ayer a mi primo Mario, el que está estudiando Derecho,
¿por qué en algunos países piensan que los migrantes son peligrosos? ¿Y sabes qué me
dijo?
—¿Qué? —preguntó Ana.
—Que es por seguridad de los países, que a lo mejor llegan a quitar el trabajo y
quién sabe qué más. También me contó que no existe un derecho a transitar libremente
por cualquier país. Cada nación tiene sus leyes para que no entren a su territorio así
como así. Y yo que pensaba que el libre tránsito era un derecho universal.
—¿Se imaginan qué pasaría si todos pudiéramos transitar libremente por cualquier
parte del planeta? Así, si no tuviéramos trabajo o comida, iríamos a buscarlo a otro lugar
—dijo Ana.
—Pues sí, parece que estaría muy chido, pero sería absurdo —afirmó Claudia—.
Imagínate que todos se van a buscar trabajo a donde se supone que hay, al final habría
más personas buscando trabajo que ofertas de trabajo. ¿Y qué pasaría con la gente de
ese lugar?, ¿a poco no tiene más derecho a esos trabajos por ser originaria de ahí?
Además, cada país tiene el derecho de poner las leyes que quiera, aunque atenten contra
los migrantes. Pero volviendo a lo de la mentira piadosa, es puro choro, acéptalo, Lalo.
—¿Cómo?, ¿por qué dices que es choro? —preguntó Eduardo.
—Porque cuando la gente dice eso, lo único que hace es evadir su
responsabilidad. Por ejemplo, si tú le hubieras dicho la verdad al oficial, ¿hubieras tenido
la culpa de que atraparan a esas personas? Obviamente no. La culpa sería de ellos por
cruzarse a México de manera clandestina. En cambio, como no dijiste la verdad, eres
culpable de que los oficiales no hayan hecho bien su trabajo. Y no solo eso, sino que
además les diste información falsa. Al decir que fue una mentira piadosa solo reconoces
que hiciste algo malo —respondió, Claudia.
—Pero, ¡cómo!, ¿entonces siempre tenemos que decir la verdad? —se sorprendió
Eduardo.
—¡Claro!
—¡Ay!, ¡cálmate!, Clau —dijo Ana—. ¿A poco dirías la verdad si fuera tu familia la
que estuviera en peligro? Y tampoco es que los migrantes tengan la culpa, a lo mejor no
les va bien en su país. Es peligroso para ellos venir porque a veces los golpean para
robarles lo que traen. Una tía, que es enfermera en un centro de salud, me contó que
seguido llegan indocumentados con heridas graves. Incluso una vez me contó que un
señor llegó muy demacrado por no comer varios días. El señor se había escapado de sus
secuestradores que lo habían engañado prometiendo llevarlo hasta Tijuana.
—Bueno, no está bien que les hagan eso, pero, ¿para qué salen de su tierra?
Mejor deberían quedarse allá. Así no se arriesgan a que los detengan o los asalten. Y que
las leyes de su país los protejan porque acá ni son ciudadanos mexicanos, luego, ¿cómo
quieren derechos? —enfatizó Claudia.
No contento con la postura de Claudia, Eduardo dijo:
—¿Y tú crees que lo hacen por gusto? Emigran por necesidad, así como mi tío
Pepe se fue a los Estados Unidos de mojado. El chavo que conocí ayer me contó que
viene de una familia pobre y, como no tiene estudios, prefirió salir de su país en busca de
trabajo. Los inmigrantes como él, aunque no sean mexicanos, tienen que comer, dormir y
no solo andar arriesgando su vida, también son seres humanos, ¿no?
—Pues sí, pero hacen mal porque se pasan las fronteras sin papeles, violan las
leyes y tú lo único que hiciste fue solaparlos —concluyó Claudia.

lunes, 2 de noviembre de 2015

ACTIVIDAD/SINALOA INDIGENA

ACTIVIDAD : LEA LA SIGUIENTE NOTA SOBRE GRUPOS ETNICOS DE SINALOA Y REALICE UN RESUMEN RESALTANDO LOS SIG. DATOS:
NOMBRE
LOCALIZACION
LENGUA


SINALOA INDIGENA

MULTICULTURALISMO/ LECTURA: CELEBRAR LA DIFERENCIA

 Hola Niños: Aqui les dejo la siguiente lectura para dar paso al tema de "MULTICULTURALISMO", favor de imprimir =) y llevar a próxima clase.

Celebrar la diferencia
María Teresa de la Garza Camino
La primera clase estaba por empezar. Juana se sentó despacio en un escritorio al fondo del salón, ¡estaba en el bachillerato! Recordó todo el trajín de los meses anteriores: su mamá cosiendo más ropa para que la llevara a la escuela, las despedidas, los abrazos y el llanto suavecito de su mamá por las noches. Sabía que iba a extrañarla.
Después, el largo viaje a la capital. La llegada a la casa de unos parientes con los que iba a vivir. Todo nuevo y un poco amenazante. Y ahora, por fin, en la escuela.
Recorrió con la mirada los escritorios. Sus compañeros iban llegando en grupos, platicando. Casi todos se conocían. Muchos ni la miraron, otros lo hicieron con curiosidad: su larga falda de holanes, su blusa de mangas anchas y decoradas con cintas, su largo y brillante cabello negro recogido en una larga trenza. Todo eso la situaba aparte de los demás.
El profesor de Ética entró al salón, saludó a los estudiantes y empezó a pasar lista. La clase transcurrió como en un sueño. Todo era interesante, pero muy diferente a su experiencia en la telesecundaria. A la hora del receso todos salieron a la cafetería. Juana salió al patio y sacó la fruta que su tía había empacado para ella esa mañana.
Julián escuchaba a Luisa en la fila de la cafetería. Ella estaba diciendo: “¿Te fijaste en esa muchacha tan rara?, ¿de dónde la sacaron?, ¿de un museo?”. Él se volvió a mirarla, sola, sentada en una banca y mirando el cielo. “Creo que ella viene de una de las comunidades indígenas que hay al norte. Debe haber sido muy difícil para ella dejar a su familia y a su entorno, para venir a estudiar”. “Si me preguntan, yo digo que debería haberse quedado allá, simplemente no pertenece aquí” dijo Luisa con displicencia.
Ana se acercó a ellos preguntando: “¿Ya conocen a la nueva compañera?”.
“¿Por qué querríamos conocerla? A mí me tiene sin cuidado quién es y, desde luego, no me interesa ser su amiga.” contestó Luisa.
“Pues yo quisiera conocerla. Mi papá siempre dice que tenemos que celebrar la diferencia, porque amplía nuestros horizontes y nos hace más humanos” dijo Ana.
“Yo creo que deberíamos tratar de ponernos en su lugar. Como dije, debe ser difícil para ella haber venido aquí, dejando todo lo conocido”, dijo Julián.
Pablo y Rocío se acercaron sonriendo: “¿Ya saben que vamos a organizar una bienvenida a la escuela? ¡Todo es buen pretexto para festejar!”.
-El sábado en mi casa.- dijo Rocío- Nos ponemos de acuerdo a ver qué llevamos cada uno.
Mientras tanto Juana observaba a sus compañeros. “¡Son tan diferentes de mis amigos!”, se dijo a sí misma. Y de pronto se sintió muy sola. Tenía ganas de volver a sus montañas, al olor a pino, al
sonido del riachuelo que corría detrás de su casa, al aroma de tortillas recién hechas y la risa de sus hermanos mientras jugaban antes de la comida.
El receso terminó y todos volvieron al salón. A la hora de la salida, Ana se acercó a Juana y le preguntó: “¿De dónde eres? Se ve que eres nueva aquí.”
“Soy de la Sierra Tarahumara, soy Rarámuri. Estudié en la telesecundaria de Norogachi, pero mi familia vive en Choguita, una comunidad un poco más lejos.”
Ana la miró pensativa: “¿Te viniste con tu familia?”.
“No, –contestó Juana- mi papá tiene un primo que vive aquí y me estoy quedando en su casa. Ayudo a la esposa de mi tío con las tareas de la casa, y ellos me dan cuarto y comida. La verdad son buenos conmigo, pero extraño mi casa y a mi familia”.
“Quiero que me cuentes de la sierra. He oído decir que es muy bonita” -dijo Ana con ojos brillantes.
“Bueno, a mí me parece muy bonita. No puedo pensar en un lugar mejor. Las montañas, los ríos y el aire que huele a pino y a veces a humo, cuando se encienden las estufas” -dijo Juana entrecerrando los ojos.
“Me tengo que ir –dijo Ana- ya llegaron por mí”. “Nos vemos mañana” -y saludando con la mano salió de la escuela corriendo.
Juana recogió sus cosas y se dirigió a la salida. Al pasar escuchó a varios compañeros hablando. Una chica dijo: “A poco ya admiten indias en la escuela. Es increíble, ¿a dónde vamos a llegar?” Otro muchacho comentó: “Deben creer que son seres pensantes.” Todos se rieron.
Juana sintió que las lágrimas estaban por salir de sus ojos. Apretó la mandíbula para no llorar y salió corriendo. Cuando llegó a la casa, se fue a su cuarto y ahí sí que lloró, suave y desconsoladamente. Su tía la escuchó y entró a verla.
“¿Qué tienes Juana? ¿Te pasó algo en la escuela?”.
Juana no contestó, solo siguió llorando suavemente. Su tía la abrazó y se quedó en silencio esperando a que se calmara.
Cuando dejó de llorar, le dijo: “Creo que ya empezaron a molestarte en la escuela. Creí que las cosas habían cambiado. Cuando llegué aquí por primera vez muy pocas personas me hablaban y todos me miraban con desprecio. Pero tu tío y yo estábamos decididos a quedarnos y poco a poco nos fuimos ganando un lugar.”
“No te desanimes, te apoyaremos. Para empezar, creo que sería mejor comprarte ropa más parecida a la que usan tus compañeros, debes dejar de usar tus vestidos”.
Juana la miraba sin comprender. “¿Por qué debo vestirme diferente?” -preguntó.
“Para que poco a poco se fijen en ti como persona, no como una curiosidad folklórica” contestó su tía.
Esa noche Juana no podía dormir. Recordaba la conversación con Ana, lo que habían dicho unos compañeros a la salida, la charla con su tía… Era tan difícil entender todas esas experiencias.
Al día siguiente Juana fue a la escuela, temerosa de lo que podrían decirle sus compañeros. Al llegar la saludó Ana y Julián le sonrió. Luisa volteó a verla, pero inmediatamente siguió conversando con Marta y Francisco. Marta también vio entrar a Juana y comentó: “Mira esa facha, indias sucias. Deberían irse al monte donde pertenecen”. Francisco se rio, pero Luisa solo dijo: “Y a ti, ¿que más te da? Vive y deja vivir. Si no te le acercas, ¿en qué te afecta?”.
“No sé cómo puedes soportar que esté en tu mismo salón” -dijo Marta. Iba a decir algo más, pero en ese momento el profesor Fernando entró al aula y empezó a pasar lista.
“Profe Fernando, –dijo Ana- ¿sabía que Juana viene de una comunidad en la Sierra Tarahumara? Sería bueno que nos contara algo de su tierra. Creo que aprenderíamos mucho de nuestro país conociendo algo de las muchas culturas que lo componen”.
El mes que entra toca estudiar el tema de México, nación multicultural. Creo que sería una buena idea que Juana prepare una presentación de las costumbres, lengua, valores y tradiciones de su cultura –dijo el profesor Fernando mirando a Juana.
Ella se sonrojó y bajó los ojos sin saber qué decir. Algunos compañeros señalaron qué conocían de otras culturas y que podrían hacer presentaciones en clase. Rogelio dijo que su madre era Tsotsil e incluso le había enseñado su lengua. “Solo que es muy difícil y, como no la practico, pues no la hablo bien” –dijo curándose en salud por si le pedían que dijera algo en ese idioma.
“Muy bien, –dijo el maestro Fernando- haremos un calendario de presentaciones, así podremos conocer la riqueza cultural de nuestro país y sentirnos orgullosos de tener una nación plural, y contribuir a fomentar la interculturalidad a la que deberíamos aspirar”.
Juana escuchó al maestro, miró los rostros de muchos de sus compañeros que mostraban simpatía y, por primera vez, empezó a sentirse parte del grupo. Sabía que todavía faltaba mucho para que todos la aceptaran, pero era un comienzo.